Como cuarto aspecto, afirma la Gatúbela indígena: “Aunque es una reforma legislativa, de antemano ya cuenta con el apoyo de los otros poderes, todos a merced y disposición del Ejecutivo lo que hace previsible que se decida finalmente dentro de los círculos del poder en divorcio con de la sociedad”. ¿Así, tan tajante? ¿La sociedad? ¿Cuál sociedad?
Porque, precisamente, la pretensión de la convocatoria es sumar visiones en un colectivo que procure concurrir en las coincidencias, no en las diferencias, de tal suerte que la sociedad en general (sindicatos, colegios, sectores, grupos de interés, etc.) y la sociedad representada en el seno del Congreso local y su clase política (pueblo de Chihuahua y partidos políticos), procuren un gran acuerdo que derive en una reforma constitucional. Proyecto ambicioso, sin duda, pero plausible a partir del entendimiento y la buena voluntad que, se supone, debe privar a la hora de pensar y hacer política.
Como lo sostuvo en su momento una destacada politóloga: “Hay que pensar que en la política hay mucho de pragmatismo y de cálculo de oportunidad; la política es un asunto de muy corto plazo”;[1] no hay que temer de esa singularidad del quehacer político; por el contrario, es necesario encontrar las fisuras del alma (y del corazón y cerebro) en la clase política, para alcanzar esa meta ya reseñada, mezcla de entendimiento y voluntad, pues, hoy, como ayer, sigue siendo válido decir, junto con don Efraín González Morfín, que: “la política por la política no vale la pena, la política es un instrumento para la solución de los problemas del pueblo”;[2] y sin el diálogo permanente, lo único seguro es que esas soluciones no llegarán jamás.
Pero, ¡claro!, eso no puede entenderlo quien se ha gastado la vida en un diletantismo perenne y una utopía incompartida, mezcla de ideologías trasnochadas mal entendidas y nunca aplicadas.
Como quinto aspecto, afirma la bichita, bichita: “Extrañamente no se cuenta de inicio con un proyecto acabado que permita definir lo que se pretende. Es una reforma sin iniciativa, a diferencia de la reforma del mismo tipo que se inició en el gobierno panista en 1995 y que se escoltó con una iniciativa puntual”. ¿Por qué lo de extrañamente? ¿Por qué el adverbio doloso? ¿Qué tiene de malo o de extraño que se busque un consenso preliminar en un tema tan arduo como una reforma constitucional integral? Esas son ganas de jo…robar, sin duda; y hacen del conocido mote de La Gata Flora, no solo un mote bien ganado, sino adecuado y pertinente para identificar a quien, como Toña Machetes, no ve más allá de sus tompiates.
Lo cierto es que todo mundo puede opinar, como en ese asunto de Will Smith y el bofetón a Chris Rock —y lo que se diga es válido, según el punto de vista que se tenga—, pues Smith puede ser visto como un caballero negro, montado en su caballo blanco, defendiendo a su princesa de cuento de hadas; un hipócrita que se rio primero del mal chiste y después subió al escenario, en un calculado arrebato de ira, a voltearle las muelas al revés al pobre Chris; o como un energúmeno incapaz de reprimir sus impulsos violentos.
A lo que quiero llegar es a que, en este asunto de las redes sociales, siempre habrá ocasión para un oportunismo irresponsable e imbécil; todo depende de quién, cómo y dónde opine; y quién, cómo y dónde le preste oídos.
Adiós valores, convicciones, creencias perennes…, la selva inmunda, pues; el hábitat repugnante de las gatas y gatos callejeros, sin Dios, ni bandera, ni Patria, ni ley.
Continuará…
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Luis Villegas Montes.
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[1] Soledad Loaeza. “El PAN, la cuenta larga del Tiempo”. Gastón Luken Garza y Virgilio Muñoz. “Escenarios de la Transición en México”. Ed. Grijalvo. México. 2003. Pág. 56.
[2] Cuaderno de trabajo de “Introducción al Partido”. Secretaría Nacional de Formación y Capacitación Política del CEN del PAN. México. 2002. Pág. 13.