Entre los chihuahuenses que ven con fundado temor la posibilidad de que Andrea Chávez sea gobernadora, despertó interés la columna de Raymundo Riva Palacio, publicada ayer en El Financiero bajo el título “La suerte de Andrea Chávez”. Básicamente afirma que terminó el vuelo de la senadora, al chocar con Palacio Nacional por el dispendio de los camiones médicos, revelando que la misma presidenta Claudia Sheinbaum pediría a Luisa María Alcalde, presidenta de Morena, no tenerla en cuenta para la gubernatura, y al senador Adán Augusto López terminar con su promoción.
Tengo respeto por el columnista, de hecho lo considero uno de los mejor informados y más influyentes del país, pero creo que la realidad política es otra. La confrontación de los radicales del régimen contra CSP lo cuestiona. Esta confrontación es, en escencia, la lucha por el poder al interior del partido gobernante, con un expresidente obstinado en seguir ejerciendo desde las sombras y una presidenta débil que no ha sabido o no ha podido hacerse valer por cuenta propia.
La confrontación entre los dos grupos es objetivamente incuestionable, la vemos en la indiferencia con que los coordinadores parlamentarios toman las iniciativas o propuestas de la presidenta, en el grotesco desaire de la foto “descuidada” en el Zócalo y en desplantes privados que no trascienden. Por ejemplo, en una reunión de gobernadores con la presidenta, varios de Morena se levantaron de la mesa, dispuesta en herradura, mientras ella seguía presente en la reunión. Uno a uno se fueron despidiendo con el habitual “disculpe usted, tengo que atender otros asuntos”. Con cualquier otro presidente un desplante así era impensable.
Esas y otras groserías son deliberadas, desafíos programados, su forma rupestre de hacerle ver que no manda ella, sino él. ¿Qué buscan, porqué los reiterados desaires?. A la distancia sólo puedo intuir que la presionan para que no entregue a alguno de los gobernadores o militantes sospechosos de estar asociados a organizaciones criminales. Son varios los nombres, prospectos impresentables para cebar al Imperio sobran. Entregarlos sería ofender al líder amadísimo del Movimiento, afrenta inadmisible en la mente de los radicales que la quieren sometida.
Riva Palacio escribe que “desde el primer momento en que apareció la publicación en Latinus, Sheinbaum comentó a sus colaboradores que hablaría con la presidenta de Morena, Luisa María Alcalde, para que no pasara su candidatura (la de Andrea) a la gubernatura, y con López para que se olvidara de seguir impulsando a Chávez”. Su afirmación carece de lógica política, López es uno de los más activos palurdos contra CSP y Alcalde devota del tlatoani. Invitarlos a que le paren sería una ingenuidad y para nada es ingenua.
Más bien imagino al senador, a quien sus colegas de Partido llaman por lo bajo “ensoberbecido, empoderado y enculado”, elevar su apuesta con una barbajanería en privado: “tu sigue (Andrea), esta pinche vieja nos la pela”. Recular no es lo suyo, menos sintiéndose fortalecidos en Palenque. Lo peor es que probablemente se las pele, no por la engreída senadora, no por el “enculado” senador, no por el hijo a través de quien dicta el padre. Se las pelarían por el enorme control que tiene el padre sobre los resortes del poder; ambas cámaras legislativas, órganos autónomos con dientes, medio gabinete, gobernadores, Partido.
En un choque de trenes, hasta hoy improbable, el resultado sería incierto, con apuestas a favor del pasado. La presidente sólo podría asumir el mando pleno bajo una conjunción de ciertos factores: coyuntura externa, suerte, valentía para ir por todo o nada, oficio político y cabeza fría para manejar la crisis. Aun ganando, la derrota de Palenque tendría que ser definitiva para que los López perdieran el Partido. Las principales candidaturas, entre ellas obviamente gubernaturas, las definirá López Obrador no Claudia Sheinbaum. Al menos hasta el corte del momento.
¿Entonces fatalmente Andrea Chávez será candidata y eventualmente gobernadora? Por supuesto que no, la estridente senadora se ha ganado poderosos enemigos entre los radicales del grupo Tabasco. Su osadía ha sido tanta que, aseguran, incomodó a varias de las mujeres más influyentes, entre ellas esposas de gobernadores, a senadores que ven con recelo los enormes beneficios que recibe mientras a ellos los ningunean, secretarios del gabinete como Ariadna Montiel y hasta Luisa María Alcalde. Al montarla tierna están pandeándola y panda es desechable. Por las últimas revelaciones del escandalo podemos inferir que Adán Augusto quiere más al dinero que a la senadora.
Ahora, si contra todo logra llegar hasta la nominación, en Chihuahua la espera nutrido fuego amigo; Cruz Pérez Cuéllar y Ariadna Montiel harían contracampaña con tal de verla derrotada. También están los empresarios, ellos saben que llegando Andrea Chávez la barredora tabasqueña dejaría las finanzas estatales temblando y a la entidad colapsada. Ha sido tan dispendiosa, cínica y prepotente su precampaña, que cayó gorda. A los chihuahuitas no les gusta le gente “creída”, las tienen por mentecatas y soflameras. Así que tranquilos, si la senadora Chávez piensa que, pase lo que pase será candidata y gobernadora, sería sólo por inexperiencia e ignorancia política. Chihuahua no es Tabasco, sus patrocinadores se van dando cuenta. Solita se está desinflando.