¡Quiero que México cambie! Pastor José́ Andrés Pimentel

Uno de estos días, mientras miraba por la ventana de mi habitación un día nublado, algo fresco y brisa cayendo, después de haber escuchado en la radio, en una y otra estación noticias tan tristes y lamentables de muertes violentas, violaciones, desapariciones forzadas de personas, manifestaciones agresivas, abusos etc. Llamadas telefónicas de impotencia del público culpando por aquí y por allá exigiendo justicia y hasta pena de muerte para los agresores, pensé, que le hará falta a México. ¿Más empleos? ¿Más dinero? ¿Leyes más rígidas? ¿Manifestaciones y paros a nivel nacional? ¿O Qué? Y pensé, todo eso sería muy bueno sin duda para el país, pero ¿en realidad se erradicarían todos esos males? De nuevo pensé ¡No! ¿Entonces? ¡Entonces es amor¡ ¡Sí amor!

El amor nos lo han enseñado como un sentimiento eufórico, como “maripositas en vientre” Pero en realidad, el amor es una actitud correcta para con las personas. Una actitud correcta es, cuidado, respeto, comprensión y servicio hacia los demás. El amor “no se hace” Se construye día con día.

En la biblia encontramos cuatro clases de amor. El amor a Dios. El amor en el matrimonio. El amor en la familia. El amor al próximo. Y si una de esas clases de amor no es correcta en nuestros corazones, estamos en problemas, como lo vemos hoy en la nación. Cuando arreglamos esas cuatro formas de amor en nuestros corazones, entonces seremos las personas correctas para el país.

La palabra de Dios me enseña que puedo llegar a tener todo lo que desee, pero que si no tengo amor nada soy (1 Cor. 13:2) Sin un corazón correcto, el dinero como la pobreza, abundancia como la escases, no son para bien, sino para mal, como lo vemos hoy en día. Lo que nos hace grandes como personas no son las posesiones, es el amor que damos a Dios ya nuestros semejantes. En cierta ocasión le preguntaron a Jesús que cual era el más grande mandamiento, y les respondió: “Ama a Dios con todo tu ser” y segundo es “ama a tu prójimo” (Mat. 22:37-39) El prójimo es el esposa (a) los hijos, los hermanos, los vecinos. Es allí con ellos que debo tener una actitud correcta.

Amar a Dios no es venir ante Él con una larga lista de cosas que deseamos que Él haga por nosotros. Amar es Dios, es que hago yo por Él. Amar a Dios es guardar sus mandamientos (Jn. 14:15) Es que nos amemos los unos a los otros (Jn. 15:35)

Con personas que aman de esa manera es como los males de México pueden acabar. Con personas que aman así, Dios puede hacer grandes cosas. El día que aprendamos que amor no es esperar que alguien haga algo por mí, sino, que hago yo por los demás, ese día México va a cambiar.

Las personas buenas aman, sirven, tienen la actitud correcta. Las personas malas no aman, no sirven, esperan ser servidos, su actitud es incorrecta, destruyen, amenazan, dañan. Y la escuela del amor es el hogar, la familia. Es allí donde se aprende a amar. Y es el amor el que puede cambiar al mundo.

Dice la palabra de Dios que Dios es amor. Y que nosotros fuimos creados a su imagen y a su semejanza, entonces, hemos sido creados con la capacidad de amar.

Si amamos, servimos a otros, el amor que demos nunca morirá, pues incluso cunado muramos, el amor que demos a las personas, seguirá allí en sus corazones.

¿Queremos cambiar a México? Entonces empecemos a amar, servir con la actitud correcta, a Dios y a nuestro prójimo.

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