De política y cosas peores Por. Armando Fuentes Aguirre/Catón

Partidos ricos

Doña Macalota amaneció ayer de un humor pésimo. Le dijo a don Chinguetas, su marido: «Anoche soñé que te estabas besando y abrazando con una rubia pechugona». En seguida la señora añadió a ese relato onírico una declaración peyorativa: «Eres un cabrón». «Pero, mujer -se defendió Chinguetas-, fue solamente un sueño». «Sí -admitió doña Macalota-. Pero si eso haces en mis sueños qué no harás en los tuyos»… El padre Arsilio se desesperaba porque sus feligreses se dormían en sus sermones. Buscó el consejo de su obispo, que tenía fama de ser buen orador sagrado. Le dijo Su Excelencia: «Cuando advierto que los fieles empiezan a bostezar o a distraerse digo algo que los hace poner atención. Nada menos ayer vi que los asistentes a la misa no estaban ya escuchando mi homilía. Entonces la interrumpí y les dije: ‘Queridos hermanos: ayer tuve en mis brazos a una mujer’. Eso los hizo parar oreja de inmediato. ‘Sí, hermanos -continué-. Abracé a la mujer que me dio la vida y que con sus sacrificios y su ejemplo me llevó por el camino bueno. ¡Mi santa madre, hermanos!'». La recomendación episcopal agradó al buen padre Arsilio, y en su siguiente sermón, tan pronto advirtió que sus parroquianos dormitaban, les dijo de repente: «Queridos hermanos: ayer tuve en mis brazos a una mujer». Al oír aquello todos pusieron atención. El padre Arsilio vaciló. Tras una pausa dijo: «Perdonen, hermanos. Ya no recuerdo lo demás»… Los rancheros del norte dicen que la cabra es muy latosa, muy ruidosa y muy costosa. Lo mismo puede afirmarse de la democracia en México, país extremadamente pobre con partidos extremadamente ricos. Tres de nueva creación se sumaron a los ya existentes -regalo de la autoridad electoral a López Obrador-, con lo que aumentó la carga que los contribuyentes debemos soportar a fin de mantener esas organizaciones, empresas lucrativas que representan sólo el interés crematístico de sus capitostes. (Permítanme un momentito, por favor. Voy a consultar el diccionario para ver qué significan esas dos palabras: «crematístico» y «capitostes»). No más de tres partidos deberíamos tener en México: uno de derecha, de centro otro y de izquierda el tercero. Quienes defienden la partidocracia dicen que el «abanico político» de nuestro país es mucho más rico y variado que, por ejemplo, el de Estados Unidos, donde sólo hay dos partidos tradicionales, y bien que se las arreglan con ellos los vecinos. En cambio nosotros tenemos ese tal abanico, que seguramente está hecho de oro y pedrería, según lo elevado de su costo. Para colmo, algunos de esos partidos, sobre todo los tres de nueva creación, claramente sometidos desde su nacimiento al poder presidencial, servirán para fortalecer el poder unipersonal de AMLO, cuyos procederes están más cerca de lo dictatorial que de lo democrático. Lo dicho: país cada día más pobre con partidos cada día más ricos… Permítanme mis cuatro lectores presentarles a dos nuevos personajes de esta columna. Son Paul y Chinela, bailarines profesionales. Se relacionaron en un antro de arrabal con otra pareja formada por dos antiguos conocidos nuestros, Pimp y Nela, él gigoló de profesión; dama de la noche ella. Hicieron rápida amistad, tanto que acordaron ir juntos a pasar el fin de semana en un hotel de playa. La primera noche que estuvieron ahí disfrutaron de una opípara cena acompañada de abundantes copas. Animado por ellas Pimp hizo una propuesta: «¿Qué les parece si cambiamos de pareja?». La iniciativa fue aceptada sin someterla a consulta popular, y el cambio se hizo. Ya en la cama Pimp le dijo a su acompañante: «Me pregunto cómo la estará pasando la otra pareja, Paul»… FIN.

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